EL PODER DEL SILENCIO


MARIO ALONSO PUIG

¿Qué tal? ¿Cómo estáis? ¿Oís todos bien? Bien. Una pregunta, ¿Quiénes de vosotros creéis que la paz interior es algo que vale la pena? Vale. ¿Quiénes creéis que es bastante difícil conseguir eso? Vamos a ir profundizando.

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¿Quiénes de vosotros meditáis? ¿Quiénes tenéis la sensación de que meditar no es para vosotros? ¿Quiénes habéis intentado meditar una y otra vez y habéis dicho, lo he intentado, esto no es para mí? Bueno, en mi libro Tómate un respiro pongo una pregunta que a las personas le descolocaron un poco, que era, ¿puede el silencio y la quietud mejorar cada dimensión, todas las dimensiones de nuestra vida? Porque esto es… Esto es una… Obviamente el libro es para decir sí, no es para decir no. Obviamente, pero es un poco como el pensar en grande, considerar que la meditación, el silencio, la quietud, tienen la capacidad de mejorar cada dimensión de nuestra vida. Por ejemplo, ¿es posible que pueda mejorar la salud? ¿Es posible que pueda realmente tener una eficacia en enfermedades tan graves como el cáncer o enfermedades muchas veces tan duras de sobrellevar como la esclerosis múltiple o enfermedades degenerativas? ¿Es posible que pueda tener un impacto en enfermedades autoinmunes? Donde el propio sistema inmune agrede al organismo, deja de reconocer a las propias células como parte de lo que son y manda sus cohetes y manda su ejército a destruirlas.

¿Es posible? ¿Es posible que la práctica del silencio y la quietud puedan mejorar nuestra situación económica y nuestra prosperidad? Pues un poco raro esto. ¿Es posible que yo pueda tener una mejor relación con mis seres queridos, sobre todo en el momento en el que los quiero menos y con aquellos a los que no quiero nada? ¿Es posible que pueda aumentar mi eficiencia en mi trabajo o darme un mayor sentido de propósito? Bueno, estas son preguntas que lanzo junto a las que luego lanzaréis algunos de vosotros y es lo que vamos a explorar, porque yo he venido aquí con un objetivo. Sí.

Y el objetivo es invitaros a todos a introduciros en la práctica meditativa o a saber cómo llegar al siguiente nivel. Pero, lógicamente, primero tenemos que tener alguna experiencia y, sobre todo, tenemos que resolver una pregunta. ¿Por qué, con lo liado que estoy, quién de vosotros tiene mucho lío? ¡Todo el mundo! ¿Por qué, con lo liado que estoy, voy a hacer algo tan tonto como cerrar cinco minutos los ojos o diez minutos o una hora al tiempo que sea? ¿Realmente esto me va a servir? Tened en cuenta que yo tengo una mentalidad muy racional.

Mi formación como cirujano a lo largo de tantos años y mi investigación en la neurociencia también a lo largo de los años, me fue haciendo una persona muy enganchada en la tierra, es decir, en lo que se podía pesar y medir. Y, de hecho, mi primer maestro en meditación fue el pionero en el mundo. Era un cardiólogo que vivía en el hospital, que era cardiólogo en el hospital enfrente al que estaba yo en Boston.

Y, a pesar de que me entrené con él, siempre encontraba una resistencia. Por tanto, entenderé perfectamente toda resistencia a pensar que algo tan sencillo como cerrar los ojos durante cinco minutos, diez minutos, puede tener un impacto en cada dimensión de nuestra vida. Entonces, yo no vengo a demostrar nada, vengo a compartir con vosotros mi experiencia.

¿Cuál es el mayor desafío para la práctica meditativa? Yo diría que si no el mayor, uno de los mayores es la distracción. En los Estados Unidos le tocó dar una conferencia a un señor que se dio cuenta de que, primero, era el último, llevaban todo el día escuchando conferencias y se dio cuenta de que las personas estaban súper cansadas. Y entonces, claro, era un auditorio de varios miles de personas y el hombre llegó y se dio cuenta que cada uno iba a su bola, el que no estaba hablando con el vecino, el típico ruido, ¿sabéis? Claro, la gente estaba cansada, es normal.

Entonces, el hombre llegó a donde estaba el atril, nadie le hacía ni caso, por supuesto. Y entonces, se puso de pie, sacó algo del bolsillo, que era un globo, un globo azul, y empezó a hincharlo. ¿Qué hizo la gente? De repente dejó de hablar, siguió hinchando el globo, hasta que el globo era tan grande que ya le tapaba toda la cabeza.

Claro, ya que yo llamaba la atención. Siguió hinchando el globo, lo puso así, el silencio era sepulcral, sacó de un bolsillo un alfiler, lo pinchó, todo el mundo hizo así, dijo, de la conferencia no sé lo que van a recordar, pero esto no lo olvidarán nunca. Es decir, todo el mundo, queridos, busca que se le preste atención.

Hay una lucha por la atención, y el resultado es una enorme distracción, porque no sé lo que nos habrán contado, la realidad, neuro científicamente hablando, es la siguiente. Tú no puedes estar en varias cosas a la vez y mantener el 100% de la atención. No es posible.

Por eso hay tanta distracción. Entonces, lo primero que necesitamos entender es el poder de la atención. Pero claro, una cosa es que alguien haga algo sorprendente, como el señor del globo, que a todos nos llamaría la atención, y otra cosa es llevarlo voluntariamente a un sitio, no porque eso te atraiga, como el globo, sino porque tú decides, es mucho más desafiante, ¿verdad que sí? Vamos a llevar la atención a la respiración.

Bueno, la respiración la conoces desde que naciste, no te va a sorprender. No es como el señor del globo azul. Con lo cual exige un nivel de entrenamiento, la práctica meditativa, bastante elaborado.

Os lo digo porque todas aquellas personas que decís es que me cuesta, claro que me cuesta. Yo he tenido algunos grandísimos maestros de meditación reconocidos a nivel global como probablemente de lo mejor que existe en el mundo, y siguen teniendo ese desafío. Entonces, si el desafío existe, nosotros por lo menos tenemos que entender que ese esfuerzo, esa dedicación, con la cantidad de cosas que tenemos que hacer, vale la pena, ¿vale? Y eso es lo que vamos a explorar hoy.

¿Vale realmente la pena o no? Entonces vamos a ver cómo andamos de nivel de atención. Esta es una campana que compré en Bhutan, un país al que quiero mucho, y vamos a hacer una cosa, os voy a pedir que pongáis, toméis una posición cómoda, las piernas descruzadas, nada de caramelos, ni chicles, ni palomitas en la boca, nada, lo único que puede quedar en la boca es la dentadura, si es la tuya y si es postiza también, no hay que quitársela. Bien, yo voy a tocar la campana, la campana esta suena sorprendentemente bien, de lo único que se trata es de que intentéis mantener la atención, con los ojos cerrados, siguiendo el sonido de la campana, solamente es eso, no se trata de decir, uy, la campana, pues me gusta el sonido, no, no me gusta, me podría gustar más, es melódica, pero no tanto, no, es seguir el sonido.

Yo la voy a tocar varias veces, ¿vale?, con los ojos cerrados, respirar hondo, cerrar los ojitos, ya podéis abrir los ojos. A ver, vamos a hacer una alzada de manos, aquí no hay ni los listos, ni los torpes, sencillamente es como ha ido la atención. ¿Quién de vosotros ha encontrado una seria dificultad en seguir el sonido de la campana, porque de repente sacó la un pensamiento? No, si me tenía que haber comido otro bollo.

Levantad la mano. Somos muchos, somos muchos. ¿Quién ha conseguido seguir el sonido de la campana la totalidad, la he tocado tres veces? Andáis muy bien.

Pero fijaros qué curioso, aunque la campana no llama tanto la atención como el globo azul, la campana es algo que viene de fuera, ¿estamos de acuerdo? Porque el sonido viene fuera. El desafío de la meditación es que la atención la tienes que poner dentro, cuando muchas veces crees que dentro no hay nada interesante. Da la sensación que todo lo de fuera es interesante, ¿verdad? Las estrellas, los planetas, las cosas que pasan fuera, lo que está más allá, la voz que da mi vecina, mi hijo que está hecho un salvaje.

Pero lo de dentro parece… Yo prestaba atención a lo de dentro, si ya lo conozco, ese es nuestro error. Nuestro error, queridos, es que consideramos que dentro de nosotros no hay nada sorprendente. No hay un globo azul que nos llame la atención, que nos genere asombro, no hay una campanita butanesa que de repente diga, uy, qué sonido tan curioso, lo pequeña que es y lo lejos que llega, no.

Por eso, lo más difícil en la meditación es lo que en sánscrito se dice shamatha. Shamatha es el arte de estabilizar la atención en algo que en principio no te llama la atención. Es decir, prestar atención en tu respiración no te llama la atención.

¿Por qué? Porque has respirado toda la vida, no es algo que te sorprenda. ¿Y si hubiera dimensiones en la respiración que no conocemos porque no prestamos atención? ¿Y si lo más importante de lo que está sucediendo sucede precisamente donde no prestamos atención? Entonces, lo más desafiante es el shamatha, esta estabilización de la atención, este seguir la campana, cuando esa campana está representada por las sensaciones de mi cuerpo, por la respiración, por algo que aparentemente para mí es muy familiar y, por tanto, nada sorprendente. Por eso pide de un entrenamiento y de una convicción.

La convicción de que aunque ahora no lo veas, ahí hay algo que vale realmente la pena. Yo soy el primero que me he quedado impresionado ante algunas de las experiencias que he tenido cuando entrando en meditación con cosas tan sencillas como prestando atención a las sensaciones de mi cuerpo, prestando atención al movimiento y a mi respiración, he empezado a entrar en una especie de silencio, de vacío, de nada, que claro, como esto no es una cosa a la que uno está acostumbrado, te da un poco de yu-yu. No te tiene que dar yu-yu.

Lo que tiene que dar es una enorme ilusión porque los en Oriente dicen pasar el yo al no yo. Esa es la antesala de todos los descubrimientos. Si tú quieres tener alguna experiencia asombrosa en tu vida, no puedes tú, yo, nosotros, no podemos seguir atados al pasado porque lo conocido no es algo que te pueda sorprender.

Te va a sorprender lo desconocido y lo desconocido no está en lo conocido, está en lo por conocer. Pero entre medias tenemos que dejar ir ese yo que está tan identificado con el pasado. Yo hice tal, por tanto soy tal y seré tal.

Yo siempre fui así, soy así y siempre seré así. Me acuerdo un joven que entró en mi consulta, cuando yo tenía mi consulta de cirugía general aparato digestivo, entró el chico temblando. Dije, hombre, no es que sea yo muy guapo, pero tanto miedo no puedo dar.

Digo, siéntate, por Dios. Dice, ¿Qué te pasa? Dice, no, no, no me pasa nada, bueno, me da un poco la tripa, pero digo, ¿y ese movimiento? Dice, no, es que soy nervioso. Digo, ¿y eso? No, mi madre dice que en casa somos todos nerviosos, que siempre hemos sido nerviosos.

Entonces, no hay ninguna persona que nazca nerviosa de por sí, se hace nerviosa. Lo mismo que la tartamudez no es algo genético, es algo que uno aprende. Pero claro, si este chico dice, yo soy nervioso, siempre soy nervioso, bueno, salió así, un temblor.

Esto es importante que lo sepáis. Estas son las cosas sorprendentes que pueden ocurrir con la práctica meditativa, que cuando tú entras en ese silencio, en ese ser que tú eres, con verdadero interés y curiosidad. Bueno, yo ya me conozco, ahora la respiración, llevo respirando desde que nací.

No, no, tú entras con interés y con curiosidad. Supongo que como habéis entrado aquí, en este salón tan precioso, esta ciudad tan querida, habéis entrado con un poco de curiosidad, a ver lo que nos cuentan, a ver lo que hicimos, a ver lo que experimentamos. Pues hay que entrar así en tu propio ser, en tu propio cuerpo.

Dejarte sorprender, dejarte enseñar. ¿Pero qué pasa? Pues que tenemos una mente tan analítica que está muy bien para algunas cosas. Pues para conocer las dimensiones del vaso, cuánta agua tiene, cuánto pesa esta campana, pero el análisis no sirve para conocer la realidad más profunda.

Porque la lógica de la realidad profunda no es la lógica de lo superficial, es la lógica de lo profundo. Lo mismo que lo que hay en el fondo del mar, no es lo mismo que lo que hay en la superficie del mar. Por tanto, lo primero, la primera propuesta cuando entremos en un proceso de meditación, es entrar con interés, con curiosidad y con humildad.

La humildad de aquella persona que dice llevo conmigo 70 años, 80, 20, 30, 40, los que sea, y aún así me voy a dejar sorprender. Y vaya que si te dejas sorprender. Y mucho.

Entonces, ¿Qué ocurre? Que cuando uno quiere controlar el proceso, el proceso no se puede controlar, es como el agua. Si está cayendo el agua, la única manera de recogerla es con las manos abiertas, no cerrando la mano, no queriéndola atrapar. Esta campana la compré en Bhutan, porque representa la esencia de lo que es la meditación.

Vosotros sabéis que hoy en día el nombre que se le da es mindfulness, es un nombre inglés, pero no es el nombre original. O sea, la meditación tiene dos partes, shamatha, que es estabilizar la mente, y vaipasana. ¿Qué ves cuando has estabilizado la mente? ¿Qué ves cuando, prestando atención a tu respiración y no dejándote distraer por qué comeré luego, qué habrá después, qué tendré que resolver, sino que dándote cuenta de que eso sucede, tú dices, ah, no me quiero ir para allá, y vuelves.

Cuando tú consigues estabilizar la atención, es como cuando consigues estabilizar un telescopio. Entonces la vista se acopla, se acomoda, y empiezas a ver cosas. Vaipasana, ves lo profundo.

¿Qué hay en lo profundo? Yo os digo lo que hay en lo profundo en mi experiencia. Primero, lo que no quieres ver, pero que necesitas ver. No es que no lo quiero ver, bien, es una opción, pero entonces seguirás, seguiremos, pagando el precio por no querer verlo.

Yo me acuerdo hace muchos años, entré en un hospital, con mucha ilusión, y un buen día, de refilón oí algo de el médico estirado. Dije yo, ¿Quién sea ese desgraciado? ¿Quién sea ese desgraciado? Un médico estirado por aquí y tal. Y en otro momento, así de pasada, el médico estirado.

Digo, otra vez, este desgraciado está haciéndole historia. Y un buen día, paso, había dos enfermeras que estaban en el control y yo pasaba por detrás y oigo hablar del médico estirado. Y digo, me voy a enterar de quién es ese desgraciado.

¡Era yo! Como yo suelo ir muy rígido y normalmente tengo cara un poco seria, resulta, acaba de llegar, que al médico estirado. Oye, yo puedo no querer verlo, pero si no lo veo esto, tengo que estar dispuesto a pagar el precio. ¿Qué hay de mí que les hace verme como estirado? Pues a lo mejor muy serio, pues tendré que sonreír más.

A lo mejor voy como una estaca, pues tendré que ir más flexible. Queridos, muchas veces para crecer hay que salir de lo cómodo. Número dos, pero esto no es la mejor noticia.

La mejor noticia es que cuando tú conectas con ese nivel de profundidad que es nuestra verdadera esencia, vas a ver cosas de ti maravillosas que siempre han estado ahí pero que tú no sabías que tenías. Y como las vas a ver, como os veo ahora vosotros, no lo vas a poder negar. Se te van a resolver situaciones que están hechas un nudo y de repente ves la solución.

Estás en una situación de miedo y te serenas. ¿Cuántas veces yo antes de tomar una decisión muy difícil en cirugía, muy arriesgada, durante diez segundos he entrado en ese espacio y he sabido exactamente lo que tenía que hacer? Entonces, lo que os quiero decir es que es un campo de enormes oportunidades. Soy consciente por mi propia experiencia de que es desafiante.

Entonces, ojalá, sobre todo con vuestras preguntas que sean extraordinarias, salgamos de aquí con la ilusión todos de entrenarnos en esto que ya está en algunas de las universidades más reconocidas del mundo, en algunos de los centros de investigación más punteros, en empresas que están consiguiendo que la gente esté más sana, con más ilusión y encima que sean más eficientes. En universidades, en montones de sitios. Entonces, pues eso es lo que tenemos que ver.

Si encontramos la respuesta no de por qué tengo que meditar, sino de para qué tengo que meditar. Final de la primera parte. A la pregunta.

Quería agradecerte tu intervención. Bueno, yo te quería preguntar porque yo siempre he considerado el silencio como algo negativo, incómodo, hasta ahora. Y recuerdo de pequeño que me han mandado callar muchas veces, por ejemplo, en la escuela.

Entonces, no sé si tiene algo que ver el que nos han enseñado, quizá, o hemos asociado el silencio como un castigo, no sé si esta connotación negativa del silencio tiene alguna relación. Es una pregunta fabulosa porque… Siéntate, por favor. ¿A quién de vosotros alguna vez en vuestra vida le ha hecho cállate? Bienvenido al club.

Y esto, cuando va acompañado de un componente emocional intenso, se queda grabado en el inconsciente. Y aunque ya no te acuerdes de aquello, la resistencia la sigues teniendo. Hay dos tipos de silencio.

El silencio de la mudez y el silencio creativo. Silencio de la mudez. No puedes hablar.

Y esto, lógicamente, hace que nuestra relación con el silencio es una relación incómoda, absolutamente comprensible. O mejor me callo para no meter la pata. Bien.

¿Os habéis dado cuenta que a veces uno está en una comida, una cena, un poco protocolaria, nadie habla, y alguien dice, por favor, en su interior, que alguien diga algo? Aunque sea que hable del tiempo. ¿Hace buen tiempo? ¡Sí! ¡Ya tenemos tema! ¿A que sí? Entonces nosotros vamos a hablar de otro tipo de silencio. El silencio del que hablas tú es el silencio con el que nos cuesta congraciarnos.

Hay otro silencio que es muy diferente. No es la ausencia de sonido, es la ausencia de ruido. Es un silencio que uno puede percibir muy bien, por ejemplo, cuando estás frente al mar y llega un momento en que el mar te absorbe o te vas dando un paseo por la naturaleza y de repente estás atento a los arbolitos, a los pajaritos, lo que sea, y no estás con la voz interior, con el crítico interior.

¡Siga habiendo sonido! Pero dentro de ti ya no hay ruido. Es la diferencia. Ese silencio es muy interesante porque ese silencio es lo que nos conecta con una dimensión nuestra que si no abrimos ese silencio no puede entrar.

Mira, ¿a quiénes os gusta la música clásica? Estamos en una ciudad que es una referencia mundial en música clásica. El gran pianista polaco Rubinstein parece ser, yo he visto algún video de él, parece ser que enamoraba cuando tocaba. Y un periodista, esto lo sé porque lo leí en una revista musical, le pudo entrevistar y le preguntó cuál era el secreto de su música.

Si era un conocimiento superior de la partitura, si era unos dedos privilegiados, si era un piano, lo que fuera. Y él dijo, el manejo de los silencios. Yo puedo decirte lo siguiente, mira, hay una cosa fundamental en el funcionamiento del cerebro que tienes que entender, que es que tienes un enorme potencial.

Y eso tiene impacto, pero puedo decir, hay una cosa en el funcionamiento de tu cerebro que tiene un extraordinario potencial. En el segundo caso estoy llegando al hemisferio derecho, la puerta al inconsciente. En el otro está el análisis.

Entonces, ese silencio que no tiene forma, que no es material, es el umbral, la antesala a un mundo de descubrimiento. Es como si fuéramos abriendo una puerta. Entonces, tenemos que entender que nuestro silencio, el silencio al que queremos abrazar no tiene nada que ver con cállate, que no tienes nada que decir, sino guarda silencio porque tienes todo que descubrir.

No es cállate porque tu presencia no importa, es entra en silencio porque descubrirás hasta qué punto tu presencia importa. Es lo opuesto. 180 grados.

Y cuando una persona experimenta eso, claro, ya es que no lo olvida, porque, claro, te das cuenta de que en ese silencio te surge la intuición, en ese silencio te pasan muchísimas cosas. Voy a poner un ejemplo rápido. Un paciente hace muchos años, cuando yo ejercía como cirujano, que yo le ingresé en urgencias por una diverticulitis aguda del híbrido.

Divertículos que salen del sigma, la parte izquierda del colon, se inflaman y es que eso es lo que produce dolor ahí. Me había hecho una ecografía, una radióloga espectacular, la analítica, todo era compatible con una diverticulitis aguda, cuyo tratamiento es antibioterapia, sueros, dieta absoluta, antibioterapia. Le subí.

Era el tío de una enfermera maravillosa del hospital. Oye, pero pasa un día y eso no evoluciona bien. Es cierto que hay diverticulitis aguda que no evolucionan bien, pero había algo ahí que no casaba, queridos.

No casaba. ¿Sabéis esto que es una intuición? No sabes lo que hay ahí, pero algo hay ahí. Y yo, que siempre he procurado estar en medicina en el lado seguro, hablo con la radióloga y le digo repíteme la ecografía.

De nada, Mario, diverticulitis del… Habló una radióloga espectacular, y una tecnología puntera, Mario, diverticulitis del híbrido. Segundo día, no acababa de mejorar. Algo no casaba.

Entonces me metí en el despacho de médico, serené mi cuerpo y me lancé una pregunta a mí mismo. ¿Qué es lo que no estoy viendo? Y enseguida la mente analítica decía nada. Nada.

Nada. Nadie diverticulitis. Nada.

¿Qué es lo que no estoy viendo? Me dije no me levantaré de esta silla hasta que no lo sepa. Y entonces, seguí con la pregunta ¿Qué es lo que no estoy viendo? ¿Qué no estoy…? Pero con silencio, dejando silencio. Llegó un momento en el que conecté con ese silencio.

Y de repente me viene una imagen de una apendicitis aguda en el lado izquierdo. Vosotros sabéis dónde tienes la apendicitis, ¿no? En el lado derecho. El apéndice que sale del ciego.

Las apendicitis en el lado izquierdo son tales rarezas que es casi imposible. Pero lo vi como te veo a ti. Tanto que fui así.

Me fui a la enfermera y le digo voy a tener que operar a tu tío. Me dice, pero doctor, si es una diverticulitis aguda. Digo, es una apendicitis.

Me dice, ¿cómo lo sabe? Yo no le dije cómo lo sabía. Yo me lo callé como un bribón. Dije sospecha clínica.

Digo, mira si abro y es una diverticulitis aguda, cierro. Pero si es una apendicitis aguda y no abro, te hace una peritonitis. Me fui al tío y el tío era tan cariñoso.

Dijo, doctor, lo que usted quiera. Le abrí una apendicitis aguda a punto de perforarse. El ciego, que es donde sale el apéndice, está en el lado derecho.

Pero lo que le une a los vasos, que se llama el meso, que es así de corto, en este hombre era así de largo. Era como un tirante y se había ido para el otro lado. Esto es lo que os quiero decir.

Hay dentro de cada uno de nosotros un maestro interior, pero no le dejamos que hable. Hoy sabemos que neurológicamente es el hemisferio derecho que está captando cosas que la mente analítica no puede captar. La mente analítica capta los análisis de la biología, etc.

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